domingo, 30 de mayo de 2010

POEMA MUSICAL

DOrmida quédate aquí...
REcuéstate en mis rodillas.
MIra que mi mano izquierda
FAntasea con tus mejillas.
SOLemne, a mi otra mano
LA incito a tocar el piano,
SI tu cuerpo es mi teclado.

A lo largo de tu cuerpo
hay líneas imaginarias.
Usando mis cinco dedos
he plasmado un pentagrama.

Tu perfil es la clave de sol.
Regálame un SI, mi amor.
No hay acordes pero hay armonía.
Compuse una fantasía.

Con mis notas preparadas
y tú frente a mi acostada,
comienzo mi partitura.

Mis instrumentos de viento,
toda tú que me dejas sin aliento.
De cuerda, improviso tu cabello.
Escucho suaves latidos
de nuestros corazones...
no quiero más percusiones.

Abusaré de las notas de silencio.
Veré qué sonido obtengo
cuando improvises un beso.

Primero, y antes que nada,
te dividiré en octavas.
Qué emoción me da llegar
en la escala al DO central.

Mi pecho se ha convertido
en caja de resonancia.
Relájate, sólo mira;
yo tocaré con constancia.

El registro de mi voz es bajo,
casi llegando al silencio;
pero hay vibraciones y eco.
La única entonación
va con mi respiración.

sábado, 20 de marzo de 2010

DISTANCIA

Pido por que la distancia
no nos vuelva indiferentes,
y porque el tiempo sea bueno
para que alivie las ansias
que sentiré por no verte.

Pido también por que el tiempo
engrandezca lo que sienten
ahora nuestros corazones,
que disminuyan los días
y aumenten las ilusiones.

Que te haga sentir a diario
que cada día que paso
sin encontrarme contigo,
sea uno más que te extraño
y uno menos que te olvido.

Que de ahora en adelante
mi día más importante
sea cuando tú regreses,
y me sea recompensado
por el tiempo que he esperado
cuando llegues, y me abraces,
y me beses…

sábado, 9 de enero de 2010

LA FELICIDAD

La felicidad no se vive,
se recuerda…
Cuando sucede es rutina,
al recordarla es genuina.

Es como esa sensación
que siento si a lo perdido
no le di el justo valor
mientras estuvo conmigo.

Es como olvidar a Dios
si las cosas me van bien.
Cuando las cosas van mal,
me acuerdo que existe él.

Daba por establecido
que mi planta era bonita.
Cuando quise ponerle agua
mi flor ya estaba marchita.

Pensé en la felicidad
como estado permanente,
y al quererla valorar
ya no la tenía presente.

Tuve la felicidad
y no la reconocía.
La que no reconocí
se volvió melancolía…